miércoles, 19 de mayo de 2010

León Leiva Gallardo opina sobre Honduras

Aves raras

por las plazas de la ciudad
nos advierte León
nos acechan aves raras,
y como a pendencieras almas de los entes del mal,
nosotros –a quienes ya no nos temen–
las alimentamos con los detritos de estas dos malas palabras:
miedo
y esperanza.


Por eso vuelan,
por eso siempre vuelven,
por eso no vacilan
las bípedas emplumadas:
aves raras con garras de soldado,
aves raras con mirada de juez,
aves raras con ojeras de cristiano,
avis rara
con omnisciencia del todopoderoso.
De su plumaje blanco, negro, gris,
podríamos confeccionar y rendir
frazadas para las ventiscas del fin.
(Porque el fin será hielo y no fuego.)


Pero no. “Todavía no es hora”, dice León.
Mientras tanto ellas,
hinchadas de tanto hartarse,
suburbanas catervas bursaristas,
perchan en las clavículas de los empresarios,
se citan en los campanarios de la Iglesia
y en los templos de los evangelistas,
para luego hacer maleficios civiles:
se cagan en los laureles de los próceres,
en el sombrero del campesino, el obrero, el profesor.


¿Será que son las almas de los glotones y avaros?
En las plazas de la ciudad
gestionan sus conglomerados
con resabios guturales que dan miedo
¿Qué dirán?
¿Qué dirán de nosotros los esperanzados? ¡los miedosos!
León cree que traman nuestro fin,
porque son las embajadoras de los cuervos,
excelentes mensajeras:
León apuesta que son cuervos.
Nunca las ha visto en los solares de los pobres

a los pobres ni las palomas los quieren–
porque las palomas de ciudad son presumidas,
jactanciosas;
como bípedas con plumas andan con la testa altiva
y sólo la bajan para picotear las migajas.
¡Que un machete les parta el buche en dos!
Porque lo han de tener lleno de dientes,
de ombligos, de pestañas,
de pezones y uñas de desaparecidos…
Dice León que la peste:
la plaga de las almas de la avaricia
ha vuelto a la ciudad.
Los cuervos disfrazados de palomas
han vuelto a golpearnos la conciencia:
Seamos nosotros
insiste León
las almas de la ira entonces.
Versemos contra los todopoderosos.

Sumemos hambre a la esperanza.
Sumemos dolor al miedo.
Resultado:
El miedo será valor.
La esperanza será la convicción.




León Leiva Gallardo nació en Amapala, Honduras, en 1962. Estudió psicología y letras en la Universidad de Northeastern Illinois. Su primera novela, Guadalajara de noche (Andanzas, 2006), fue reconocida por la crítica como una «de las mejores novelas escritas en español al menos en una década, rica en invención, recursos, emociones». Sus cuentos y poemas han sido publicados en las antologías Voces en el viento (cuentos, 1999), Astillas de luz/Shards of Light (poesía, 2000), En el ojo del viento (cuentos, 2004); y en las revistas literarias American Goat (Northeastern U.), Fe de erratas (Chicago), Luvina (U. de Guadalajara), Generación (México) y Agenda cultural del sur (Argentina). En la ciudad de Chicago, donde radica actualmente, colabora con la revista Contratiempo. Tusquets le ha publicado las novelas Guadalajara de noche y La casa del cementerio.

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